martes, 4 de marzo de 2014

Patones Xtrem 2014. Trail de montaña (15km, D:+900m, 1800m acumulado)

Patones Xtrem 2014. Trail de montaña (15km, D +900m, acumulado 1800m)

La idea de participar en esta carrera surgió en el facebook. Pronto nos "picamos" los cinco que habíamos coincidido en la anterior Carrera de Navidad de Cercedilla (Carrera de Navidad de Cercedilla 2013. Trail de montaña (14 km D +520m)) y nos apuntamos los cinco. La verdad es que las fechas no es que me encajaran mucho, pues está en plena "temporada de actividades invernales", temporada que hay que aprovechar pues el hielo y la nieve pronto desaparecen cuando empiezan a subir las temperaturas. No obstante, al ser 15 km que veo se pueden correr sin entrenar, a poco en forma que que encuentres y siempre que no seas un fanático del crono, realmente solo me compromete el propio fin de semana de la carrera, y por eso me decidí.

Empezamos (podéis pinchar en las fotos para verlas más grandes):
 

Datos:
Distancia: 15 km (oficial)
Desnivel positivo: 900 m (oficial)
Desnivel negativo: 900 m (oficial)
Pendiente máxima de ascenso/descenso: 119% / -46%
Pendiente media de ascenso/descenso: 12,6% / -12,1%
Cota máxima / mínima: 1215 m / 715 m

Perfil:

Track: 


Fecha: 23 de febrero de 2014

El previo:

Mi preparación para esta carrera como siempre ha sido un desastre. Solo pude hacer unas tres semanas antes una tanda de 15 km por el campo y otro día de 12 series de 400 metros. Luego ya no pude entrenar más por diversas circunstancias. La semana anterior a la carrera me fui de actividad invernal a Gredos, a darle bien a los piolets, y volví con agujetas y muy cansado, asi que tuve que abandonar la idea de hacer algo más de entrenamiento la propia semana de la carrera, ya que me iba a resultar más rentable recuperarme de las agujetas y del cansancio. Mi consuelo era que la actividad de Gredos seguramente me habría servido en cierto modo para mantener la forma física. No obstante, siendo una carrera de 15 km, y sin interés en el crono sino simplemente en terminar y disfrutar, la falta de preparación específica no me preocupa, ya que me entra dentro de lo que considero factible realizar sin un entrenamiento previo.

El día en cuestión nos juntamos en Torrejón bien prontito Iván, Juan Carlos, Rober y yo, A pesar de ser cuatro vamos en dos coches a Patones, porque a la vuelta hay planes diferentes.

Llegamos a Patones y el termómetro marca -1ºC. No me esperaba tanto frío y como siempre la ropa a llevar en la carrera es una cierta comedura de coco, aunque más o menos lo tengo claro: voy a correr con mallas largas y con una camiseta de manga larga pero muy fina, porque si no luego me achicharro. También llevaré unos guantes muy ligeros y un polifacético buff. Allí recogemos los dorsales y vamos a una cafetería donde algunos toman café o alguna infusión.

Cuando se acerca el momento de la carrera vamos a los coches y nos cambiamos. Allí hacemos algunos estiramientos, nos hacemos una foto de recuerdo de todos los amigos y conocidos que nos hemos ido juntando, y después nos vamos hacia el punto de salida de la carrera.

Foto de grupo, antes de la carrera

En las salida controlan los chips para entrar en la zona de salida. Allí, mientras esperamos que den ya la salida vemos a Jesús, nuestro compañero del club. Como el sol va calentando algo el día yo aprovecho su presencia y le paso a Jesús mis guantes y el buff para que me los guarde, pues ya veo que en la carrera me van a sobrar.

Empieza la carrera

Dan el pistoletazo de salida. El inicio de carrera consiste en la subida a Patones de Arriba. Es una buena cuesta para empezar, así que pronto entras en calor. Yo, fiel a mi estrategia para disfrutar y no quemarme, salgo a un ritmo tranquilo y no me dejo llevar por el frenesí de la gente que parece que pierde el autobús, pero en este caso al ser el inicio en fuerte pendiente este efecto histérico de la gente en el inicio de carrera se nota menos.

Foto de la salida

Tras llegar a Patones de Arriba y seguir subiendo por sus calles, la carrera se mete en plena naturaleza. Son tramos de subir y subir y subir. El recorrido ya transcurre por estrechos senderos que difícilmente permiten adelantar, pero la carrera se ha estirado mucho y se va bien por estos senderos a pesar de su insignificante anchura. De vez en cuando pides paso para adelantar y viceversa, aunque en general hay pocos adelantamientos porque como digo la carrera se ha estirado mucho.

He decidido llevar un poco de agua en mi cinturón de avituallamiento, pues aunque el primer avituallamiento se encuentra en el kilómetro 5,5, viendo el inicio tan cañero había previsto que me podría venir bien, y así es. Por eso, de vez en cuando aprovecho para dar un sorbillo de agua. 

Llega un momento que se ve a lo lejos el cortafuegos y la fila de participantes subiendo por él. Resulta una imagen de lo más llamativa. Desde donde estoy me queda todavía un poco para llegar a él.

Antes de llegar al cortafuegos hay unas fuertes pendientes de ascenso que llegado a un punto pasan repentinamente a fuertes pendientes de descenso para alcanzar el pie del cortafuegos.

Llegada al pie del cuestón del cortafuegos. Foto sacada desde el propio cuestón

Cuestón de subida por el cortafuegos
Fila formada en el cuestón del cortafuegos

En el cortafuegos se pone uno a la fila y con paciencia se va subiendo. Al inicio del mismo es cuando el GPS marca la máxima pendiente; es muy elevada y pienso para mis adentros en plan de cachondeo: "esta pendiente es como para subir encordado". La fila pega tirones: a veces se ralentiza mucho, otras se acelera... es un poco incómodo pero la alternativa de salirte de la fila y ponerte a adelantar no sale excesivamente rentable, porque tampoco vas mucho más rápido que el resto y el terreno está muy suelto y empinado, un poco más que siguiendo la fila, y por ello resultando incómodo. En plena subida del cortafuegos me encuentro con un miembro del Club Nemus, Abel, que me saluda y coge algo de delantera.

Arriba del cortafuegos se encuentra el primer avituallamiento. Me paro tranquilamente y cargo de agua mi botella con los garrafones de agua que hay. Al agua le echo unos polvillos que me han regalado de esos que convierten el agua en una bebida isotónica, pero le echo la mitad de la dosis por miedo a que me pudiera revolver la tripa. También aprovecho para ir hasta unos árboles y echar una buena meada, que ya tenía ganas. En definitiva, hago una parada en toda regla para hacer todo lo que haya que hacer... no tengo prisa.

Una vez listo, reemprendo la carrera. Ahora es bajada empinada, donde disfruto mucho. En estos tramos de bajada es cuando noto que voy adelantando a la gente, por lo que intuyo que se me dan algo mejor que a la media. Quizás también es efecto de que el subir sin forzar en las subidas me permite bajar luego muy fresco y sacar provecho, además de disfrutar.

Se van sucediendo bajadas con zonas onduladas de sube y baja y también algunos repechos, por lo que en vista de que la carrera esta siendo exigente energéticamente me lo pienso mejor y echo la otra mitad de la dosis de los polvillos isotónicos a mi bidón de agua. La carrera va muy estirada, por lo que se va bastante cómodo y con bastantes metros despejados de gente tanto por delante como por detrás.

Mi compañero Juan Carlos en plena carrera
Llegamos a una zona donde la bajada es bastante pronunciada. El sendero va colgado por las laderas haciendo zigzags. Bajo más deprisa que la gente que me voy encontrando, pero cuesta mucho encontrar un hueco donde hacer el adelantamiento, así que en cada caso te toca ir un buen rato al rebufo hasta que encuentras la ocasión. También nos encontramos con algunos ciclistas que suben, pero suben desmontados de las bicis debido a la fuerte pendiente.

Mi compañero Rober en los primeros tramos del pronunciado descenso

Foto mía casi en el mismo punto


Los ciclistas suben desmontados de la bici.
Se llega al fondo de un valle y se discurre más o menos por este fondo de valle por donde también baja un río. Irremediablemente, cada dos por tres se va cruzando el río de un lado al otro. Al principio, y sobre todo porque me frena la gente que me precede, voy frenando un poco al llegar al río para ver por donde se cruza. Poco a poco me voy quitando a la gente que llevo por delante y me quedo con el horizonte despejado. Al ir ya sin nadie por delante que me condicione, en los constantres cruces del río cada vez me freno menos; me voy confiando hasta que ya directamente no freno nada y según llego al río pienso rápidamente por donde cruzarlo sin detener mi ritmo ni un ápice. Esta actitud me resulta tremendamente divertida y voy solventando los cruces de río sin excesivos problemas.

Participantes en uno de los numerosos cruces de ríos

Sin embargo, en uno de esos cruces del río, creo que el último para más recochineo, el aterrizaje en el otro lado del río no es tan estable como desearía y caigo un pelín desequilibrado, con lo que en la siguiente zancada me pego un traspiés y salgo literalmente volando. Voy casi de cabeza, pero consigo parar la caída con las manos, con la suerte de que mis manos aterrizan sobre rocas de pizarra mojadas por el agua donde resbalan si recibir el más mínimo daño. Sin embargo no todo mi cuerpo corre la misma suerte y mi rodilla izquierda se golpea contra una roca produciéndome un agudísimo dolor.

Me levanto, pero el dolor es tan agudo que me resulta imposible correr; de hecho me es difícil hasta andar, pero sigo andando por un lado por avanzar terreno y por otro por "calentar" la rodilla a ver si me remite algo el intenso dolor. Pienso que mi carrera se ha acabado aquí, pero como no parece que me vaya a bajar nadie asumo que hay que seguir andando hacia abajo y ya llegaré a donde sea. Me van adelantando un montón de corredores y todos me preguntan al pasar si estoy bien; supongo que han sido testigos del tremendo castañazo que me he pegado, al menos los primeros que me han adelantado. La verdad es que en ese momento prefiero ni mirarme hacia  la rodilla para evitar malos rollos.

El terreno se vuelve un poco llano e intento trotar un poquito una vez que el dolor ya no es tan tremendamente intenso. No obstante el trote me dura bien poco pues enseguida me encuentro con el segundo avituallamiento y veo la situación propicia para parar e intentar reconstituirme un poco.

Mi compañero Rober llegando al segundo avituallamiento, desde donde está hecha la foto

En el avituallamiento recargo agua. Tienen gominolas, así que no pierdo ocasión de pedir. La gente las va cogiendo pero yo pido que me las den pues tengo las manos manchadísimas de la caída y no me parece ético de cara a los demás. En respuesta a mi demanda y mis explicaciones me dan un buen puñado de gominolas. Como me han visto llegar trotando nadie da mucha importancia a mi caída a pesar de que lo comento; realmente yo soy el primero que intento quitarle importancia.

Tras el avituallamiento hay una fuerte subida, lo que me supone una excelente ocasión para subir andando y calentar rodilla, así que reemprendo la marcha de nuevo, pero al partir oigo por detrás a alguien que me llama: es Juan Carlos. Tiramos juntos haciendo la subida andando. Aquí no pierdo mucho tiempo pues realmente casi todo el mundo la está haciendo andando al ser muy empinada.

Continuación del recorrido tras el segundo avituallamiento
Tras coronar la cuesta empezamos a trotar. La rodilla parece que ha calentado y milagrosamente no me molesta ni me duele mucho. Recupero un poco de ánimo con ello.

Pero esa situación no duraría mucho, ya que un poco más adelante empiezan fuertes descensos y ahí me empieza a doler bastante la rodilla. Parece lógico pues son descensos de esos que fuerzan mucho las rodillas, y la mía no está precisamente en condiciones de forzar. En el tramo inicial del descenso, mientras es más suave, incluso voy tirando de Juan Carlos a pesar de mi "avería", pero cuando se me mete este dolor con el descenso tan pronunciado es Juan Carlos el que tira de mí y yo tengo que hacer verdaderos esfuerzos para aguantar el dolor y mantener su ritmo.

Este descenso, como puede suponerse, se me hace bastante largo, pero intento no pensar en ello y distraerme. Tenemos una bonita vista del valle donde se intuye la situación de Patones de Arriba.

Al cabo del rato ya estamos en las calles de Patones de Arriba y yo sufriendo en los empinados empedrados... pero ya el remate es la bajada a Patones de Abajo ya que el sendero está plagado de listones de madera que hacen las veces de escalones, vamos que parece que lo han puesto a mala lecha para acabar de machacar mi rodilla, y es una auténtica tortura china bajar por ahí corriendo en mi estado.

Jesús nos esá esperando casi abajo del todo, ya cerca de meta y nos hace alguna fotillo con el móvil. Unos pocos metros más abajo ya se encuentra la meta, a la que llegamos juntos Juan Carlos y yo; de hecho entramos a meta abrazados.


Finaliza la carrera

En meta no hay ningún cronómetro gigante de esos que suele haber en las carreras y en los que ves el tiempo que haces cuando llegas, pero el tiempo que he hecho la verdad es que ahora mismo es lo que menos me importa y, sobre todo,  después de toda la aventura final; de hecho se me olvida hasta parar el cronometro de pulsera que llevo en marcha.

Al cruzar la meta la organización nos hace una foto a Juan Carlos y a mí. Tras posar par la foto me pregunta Juan Carlos sobre qué crono habremos hecho y es cuando me doy cuenta que ni siquiera he parado el cronómetro.

En meta nos dan una lata de bebida, una barrita energética, frutos secos, y hay como un muestrario de "chuches" para que tu vayas cogiendo las que quieras, así que me cojo un buen surtido de frutos secos y chucherías en un vaso de plástico.

Foto "oficial" con mi compañero Juan Carlos, tras cruzar la meta
Me subo la malla y destapo la rodilla. Está algo ensangrentada. Mis compañeros me aconsejan que vaya a que me atiendan, así que me voy a la ambulancia. Allí me empiezan a curar mientras estoy sentado en la ambulancia comiéndome el vaso de frutos secos y chucherías. Primeramente me atiende una chica joven que empieza a curarme y desinfectarme las heridas, que me atiende bien, pero le insisto que las heridas es lo de menos y que lo que me preocupa son los dolores de la contusión. A continuación viene otro hombre a mirarme y me empieza a comprobar los movimientos de la rótula y la rodilla, pero enseguida viene una mujer, que aparenta ser la más competente y de mayores conocimientos y me mira la rodilla. Me dice que parece que no tengo nada dañado pero que tengo una fuerte contusión. Me pregunta un tanto asombrada cómo es que he conseguido seguir la carrera en ese estado, a lo que le contesto que "no me iba a quedar allí arriba" y a continuación ella me da la enhorabuena por haber conseguido terminar en esas condiciones. Me comentan que no me pueden poner pomadas antinflamatorias debido a las heridas.

La verdad es que las heridas delatan que el golpe ha sido contra roca (por si tuviera alguna duda). No hay niguna erosión sino que son claramente heridas ocasionadas por un impacto. El mismo tipo de roca que ha salvado la integridad de mis manos en la caída, pues en tierra se hubieran llevado una buena erosión, es el que me ha machacado la rodilla.

Nos enteramos que nuestra compañera Elena ha quedado en segunda posición en su categoría. Le damos la enhorabuena y quedamos en asistir luego a la ceremonia de trofeos para apoyarla.

Seguidamente vamos a los coches a cambiarnos y nos vamos a un bar a relajarnos un poco con unas cervezas. Allí mi rodilla me va doliendo cada vez más, así que me pongo una bolsa de hielo del bar que me trae Juan Carlos. No me encuentro nada cómodo ya que tengo que ir cambiando de postura constantemente por el dolor.

Cambiándonos junto a los coches
Tras las cervezas subimos a ver a Elena en la ceremonia de entrega de premios a la hora que nos había dicho. Rober me sube en coche y hasta me cuesta entrar en el coche. Ahora que la rodilla se está quedando fría es cuando más me está dando el latazo.

Cuando llegamos a la meta, resulta que Elena nos había dicho mal la hora y ya se ha hecho la entrega de trofeos. ¡Vaya faena! Bueno, por lo menos volvemos a dar la enhorabuena a Elena.

Elena, en la segunda posición del podio

Finalmente recogemos todo, nos montamos en los coches y nos vamos para casa, que ya empieza a haber ganas de comer.

En casa,  por la tarde compruebo que la rodilla ya se me está hinchando.

Estado de mi rodilla esa misma tarde, ya hinchada.
Al día siguiente, el hichazón, que lo tenía más localizado, ha pasado a extenderse y repartirse por toda la rodilla, así que mi rodilla está que da pena verla y parece la rodilla de una persona con notable obesidad.

Hoy, una semana después, la rodilla ha ido mejorando día a día. A día de hoy la hinchazón todavía persiste pero es ya bastante discreta. Todavía tengo algunos problemas para bajar escaleras y cuando tengo la rodilla un rato en una posición fija luego me cuesta un montón movilizarla, pero noto bastante la mejoría día a día y en otra semana espero que ya todo haya pasado y poder seguir dando guerra y contaros mis aventuras.
 

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